Por Yolanda Muñoz Pérez
Imagina poder coger una fotografía de tu juventud, de cuando tenías 20, 30 o 40 años, y con un solo clic, ver cómo será su rostro a los 80. ¿Asusta un poco? Puede, pero gracias a la Inteligencia Artificial (IA), esto ya no es ciencia ficción. Aplicaciones y filtros populares nos permiten asomarnos a nuestro propio futuro digital.
Pero, más allá de la curiosidad o la diversión de un momento, como especialistas en gerontología, esta tecnología nos invita a una reflexión más profunda: ¿Qué sentimos al ver ese rostro envejecido? ¿Es solo una imagen o es una oportunidad para prepararnos mejor para el mañana?

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